martes, 6 de marzo de 2012

La discriminación lingüística

Hay desde hace un tiempo un debate abierto sobre la supuesta discriminación de la mujer que, según se denuncia, quedaría inscrita en las formas del castellano. En particular, las referencias genéricas a un colectivo, que solemos hacer empleando el masculino, se consideran manifestaciones de machismo profundo, criptomachismo, digamos. No debemos decir, por ejemplo, "los españoles votaron al PP", sino "los españoles y las españolas votaron al PP"; si no hacemos la aclaración parece que hay gente que va a entender que nos referimos sólo a los hombres. En algún lugar se alegó que una niña en la escuela no había comprendido una instrucción dirigida a "los alumnos", porque creyó que se hablaba solamente a los varones. Si esto no es una broma de la niña, es probable que la discriminación lingüística no sea el más grave de sus problemas. 

No creo que ningún hablante del castellano tenga dificultad para distinguir los casos en los que se habla de todo el grupo de aquellos en los que se habla sólo del sector masculino. La alternativa de adjuntar paritariamente la referencia a los hombres con la referencia a las mujeres es menos económica y puede dar lugar a casos extraños. ¿Cómo hablará de sus hijos una madre de dos varones y una chica? ¿"Mis hijos y mis hijas"? ¿"Mis hijos y mi hija"? ¿"Pedro, Juan y María"? Por otra parte ¿se nos permitirá al menos el machismo zoológico? ¿o tendremos que hablar, legos y especialistas, de "leones y leonas", "pájaros y pájaras" o "lechuzas y lechuzos".

Quienes se preocupan por el machismo en el idioma podrían exigir una revisión de los géneros asignados a ciertos objetos o conceptos. "Sol", objeto que brilla con luz propia, es masculino, y "luna", satélite opaco y nada brillante, es femenino. Entre los abstractos, "miseria" es femenino y "éxito" es masculino. ¿Casualidad?  El debate podría alcanzar proporciones surrealistas.

En muchos casos el problema no debería plantearse. Por ejemplo, cuando se habla de jueces. Aunque el plural sigue funcionando con el mismo artículo masculino ("los jueces", con significado genérico), no habría problema en decir "el juez" y "la juez" según el caso, sin alterar el sustantivo singular. Pero hay que decir "jueza". Lo mismo con los participios: bastaría con "el presidente" y "la presidente". Lo que se exige, sin embargo, es "presidenta".

Una cosa curiosa es el hecho de que esta discusión corra por cuenta de filólogos. Eso en el mejor de los casos, porque los que hacen más ruido son siempre los políticos. Y las políticas. Algunas. Algunos. Lo que uno se pregunta es si no deberían hablar del asunto los psicológos y las psicólogas o los antropólogos y las antropólogas, ya que el supuesto básico es que los patrones de opresión lingüística se relacionan con estados de cosas análogos en la conducta de las personas, hipótesis que no tiene nada que ver con la filología. Algunos parecen pensar que el machismo social concreto es causado o propiciado por estos patrones del lenguaje. Y si bien es absurda la idea, es lo único que daría sentido a esta "depuración" que se pretende, porque, si la cosa es al revés, si es el machismo real el que da lugar a un reflejo verbal (más probable que lo otro), lo oportuno sería luchar directamente contra él y no contra sus supuestas consecuencias.

Lo cierto es que estas discusiones e investigaciones suponen un medio de vida para más de un académico y más de una académica, financiados con partidas provenientes de presupuestos oficiales. Cabe esperar que siendo tan absurdos los argumentos y tan pobres los motivos, el asunto no prospere fuera de las poses de algun@s progresistas. La mayoría supongo que seguiremos hablando y escribiendo en este castellano patriarcal y políticamente incorrecto.

Una vez demostrada la opresión lingüística, ya se puede reeducar mediante manuales



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