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sábado, 19 de julio de 2014

Moratón/Moretón

Nunca había escuchado la palabra 'moratón' hasta llegar a España. En Argentina se dice 'moretón' y en Venezuela 'morado'. En América conocemos, pero no usamos, la palabra 'cardenal', que sería lo que el hispanista Günther Haensch llamaría un 'peninsularismo'. 
moratón.
1. m. coloq. cardenal
Veamos la referencia.
cardenal2.
(De cárdeno).
1. m. Mancha amoratada, negruzca o amarillenta de la piel a consecuencia de un golpe u otra causa.
¿Hallaremos 'moretón'?
moretón.
1. m. coloq. Moradura de la piel.
¿Moradura? ¿Qué es eso?
moradura.
(De morado y -ura).
1. f. cardenal
Se cierra el círculo y gracias a la extraordinaria economía de recursos del DRAE ganamos un poco más de claridad en el uso de nuestro idioma.

lunes, 20 de agosto de 2012

Ángel Rosenblat


Copio un fragmento de El castellano de España y el castellano de América (Taurus, 1970), de Ángel Rosenblat. En él se expone la actitud del purista frente a la diversidad del español.

VISIÓN DEL PURISTA

Si la visión del turista es inocente, pintoresca y hasta divertida, la del purista es más bien terrorífica. No ve por todas partes más que barbarismos, solecismos, idiotismos, galicismos, anglicismos y otros ismos malignos. El purista vive constantemente agazapado, con vocación de cazador, sigue el habla del prójimo con espíritu regañón y sale de pronto armado de una enorme palmeta o, peor aún, de cierto espíritu burlón con presunciones de humorismo. Veamos su modus operandi.

En España (salvo en partes de Andalucía, Extremadura y Murcia) dicen patata, y en América papa; es preciso que los americanos nos amoldemos al uso español. Pero papa es voz indígena, del Impero incaico, y los españoles al adoptarla, después de tenaz resistencia, la confundieron con la batata, también americana, que había penetrado antes, e hicieron patata (como los ingleses potato). ¿Debemos acompañarles en la confusión? Más justo sería que ellos corrigieran sus patatas. Pero Dios nos libre de tamaña pretensión. No parece mal que los españoles tengan sus patatas, con tal que a nosotros no nos falten nuestras papas. ¿Puede una divergencia de este tipo poner en peligro la vida de una lengua? ¿No es signo de riqueza que en España alternen habichuelas, judías y alubias?

Parecido es el caso de los cacahuates mejicanos (de cacáhuatl). En España, por influencia de la terminación -huete de otras palabras (de alcahuete, por ejemplo), los convirtieron en cacahuetes (y aun en cacahués, zacahueses, alcahués o alcahuetes). ¿Quién tiene el derecho de corregir a quién? Pero no nos metamos a correctores, oficio antipático y peligroso, y dejemos que cada uno satisfaga libremente su gusto, al menos en materia de cacahuetes, cacahuetes o maníes.

Las palabras más expuestas a toda clase de deformaciones son los extranjerismos. Del francés chauffeur, Madrid hizo chófer (es también la forma de Puerto Rico, sin duda por una influencia adicional del inglés). En América preferimos en general el chofer, más fieles a la acentuación francesa. ¿No han querido enmendarnos la plana? La Academia, comprensiva al fin, ha acabado por autorizar las dos acentuaciones.

Cosa análoga ha pasado con futbol o fútbol, que de ambos modos puede y suele decirse (Mariano de Cavia, con intención casticista, acuñó hacía 1920 balompié -un calco del inglés con aire afrancesado-, admitido hace poco por la Academia en su 19ª edición). La Academia también terminó por aceptar la alternancia pijama-piyama, aunque con preferencia por la forma peninsular: en España, por la seducción de la grafía, son partidarios imperturbables del pijama; Hispanoamérica, más fiel a la pronunciación original (la voz ha llegado a través del francés o del inglés), prefiere decididamente el (o la) piyama. En cambio el academicismo está imponiendo, frente al respetuoso restarán, el falsificado restaurante. Sin duda vencerá, pero no convencerá.

La comunicación y las nuevas formas de vida traen inevitablemente palabras nuevas. En Italia ha nacido el appartamento, de donde el francés appartement y el inglés apartment. ¿Cómo hay que llamarlo en español? Lo natural es apartamento, así como al département francés lo llamamos, desde fines del XVIII, departamento. Pero aquí vienen los puristas. Corren al Diccionario de la Academia y no encuentran apartamento.
Entonces sentencian: "No existen. Y como en seguida descubren apartamiento, exclaman: “¡Eureka! ¡Hay que decir apartamiento!" No ven, en su ceguera descubridora, que el apartamiento académico es otra cosa: la acción de apartarse, el lugar apartado y, por extensión, también a veces una habitación recogida en una residencia o en el Palacio Real. En la Argentina y Méjico han optado por el departamento, en España por el piso o el cuarto, denominaciones evidentemente ambiguas, pero el purismo, en Venezuela, Méjico, Puerto Rico y otras partes, libró una heroica batalla a favor del apartamiento. Y ahora la Academia, de nuevo comprensiva, acaba de aceptar el apartamento. ¡Ya existe!

miércoles, 22 de febrero de 2012

Controversial

Otra palabra que se califica como americanismo:
controversial.
1. adj. Am. controvertido.   

Como se ve, la RAE no da muchas explicaciones. Es probable que "controversial" sea una influencia del inglés, y ya se sabe  que se ve muy feo que tomemos palabras del inglés, como "computadora" (cuando podríamos tomar "ordenador", del francés, como se hace en España). Sin embargo "controversial" tiene dos ventajas para su uso legítimo. Una es de tipo lógico: lo controversial sería potencialmente polémico, mientras que lo controvertido lo es actualmente. Algo que nos proponemos hacer puede ser controversial, pero no controvertido porque, obviamente, no ha dado lugar aún a controversia. 

La otra ventaja es de linaje. Buscando la palabra en el diccionario de inglés nos encontramos con la siguiente información:

Origin:
1575–85;  < Late Latin contrōversiālis,  equivalent to Latin contrōversi ( a )
controversy  + -ālis -al1
Esto debería autorizar un uso no discriminado (es decir, no considerado como americanismo) de la palabra, tan digna de ser incorporada al léxico del castellano universal como "gilipollas", "cachondo" o "chorrada".

martes, 21 de febrero de 2012

Categorías del castellano

La taxonomía de las palabras del castellano es compleja. A la relación entre el castellano universal (las palabras que usamos todos) y los castellanos locales (locales respecto a los países, si no queremos entrar en niveles regionales) hay que vincular las categorías de lo coloquial y lo culto, que se combinan con las categorías de lo usado y lo desusado. Solemos protestar por el abuso que supone de parte de la RAE atribuirnos a todos los hablantes los coloquialismos peninsulares. Sin embargo, cabe considerar también un grupo de peninsularismos no coloquiales. Transcribo aquí observaciones del hispanista Günther Haensch, de la Universidad de Augsburgo, con algunos pocos ejemplos.

5.4.1.8. Peninsularismos

Aunque se ha negado la existencia de los peninsularismos, es decir, de palabras que se usan sólo en España y no se usan ni se conocen en ningún país de América, la lista siguiente que seguramente podría alargarse, prueba que existen. En el fondo deberían llevar la marca Esp (=España) en los diccionarios, lo cual hacen muy pocos diccionarios bilingües.